
Dr Enrique Rojas
Catedratico de Psiquiatría

Dr Enrique Rojas
Catedratico de Psiquiatría
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Dr Enrique Rojas
Cuerpo y corporalidad
Recientemente he trazado en otro libro mío* (Psicotpatología de la depresión. Salvat. Barcelona 1981, capítulo 3, apartados 3.5 y 3.6) los linderos que separan el cuerpo de la corporalidad, aunque en muchas ocasiones las fronteras se borran y uno y otra se imbrican en una conjunción singular.
El cuerpo en sentido estricto y bajo esta nominación es el cuerpo que aparece ante el espacio, ese que hace que la gente nos reconozca por la calle: es lo que nosotros enseñamos. Nos presentamos por él ante el mundo. La corporalidad es el cuerpo vivido, el cuerpo como intimidad orgánica , como riqueza interior. El lenguaje del cuerpo es su realidad espacial y mundana. El lenguaje de la corporalidad es el sufrimiento: ésta es su fisura por la que se nos manifiesta. El tartamudeo de la corporalidad, su dialéctica entrecortada es la cenestesia. Que bien sabe de esto el hipocondriaco ; pormenorizadamente ha explorado estos caminos interiores, no puede despejarse de ellos, lo tienen atrapado9 en sus finas redes. La corporalidad tiene, por otra parte, una forma de existencia doble; por una parte pática, y por otra intencional, desplegando así su acción en el mundo, para descubrirla en toda la riqueza de su intimidad.
Fue Brentano, precursor en cierto modo de la fenomenología, quien distinguió los actos físicos de los psíquicos, porque en estos últimos existe un cierto contenido y una cierta intencionalidad. Así, en el campo de la conciencia, las percepciones podríamos decir que ganan la atención del sujeto, es decir, que éste dirige toda su energía psíquica consciente hacia una parcela determinada que aparece ante él, quedando en consecuencia, parte de esa perspectiva relegada a una zona de penumbra a la que ésta energía no llega con la rotundidad y claridad que a la otra. Hay, por lo tanto, en esta intencionalidad una verdadera tensión activa entre el sujeto y su periferia. En el estado de reposo corporal, aparece inmediatamente la relajación, llegándonos entonces la vivencia de nuestra corporalidad a través de los puntos de apoyo que nuestro cuerpo tiene en esa superficie que lo sostiene.
Intencionalidad, etimológicamente deriva del latín tendere y del griego tonos, lo cual equivale a tendencia, tono, tensión. Es decir, que se establece una tensión entre un punto central y otro que está en la periferia. En esa tensión es donde descubrimos que existimos y estamos a través de nuestro cuerpo: movilidad viva de nuestra corporalidad, que no gira en lo etéreo, sino que se dirige hacia algo y por algo. Este algo viene condicionado por nuestro estado de ánimo.
Habitualmente estamos distraídos con nuestros quehaceres. Vivimos metidos de lleno en los asuntos que nos ocupan, sin saber de nuestro cuerpo, que permanece en silencio durante la salud. Este dato creo que es importante (* Saint-Exupery nos cuenta un hecho asombroso por lo elemental, pero de una evidente claridad. “Si, en el curso de mi vida, cuando nada urgente me gobierna, cuando mi significación no está en juego, no veo problemas mas graves que los de mi cuerpo”(Pilote de guerre. Paris.1964, pág. 169)
El cuerpo de la puerta por la que nos hacemos presentes al mundo y a la vez, la forma por la que el mundo se nos hace visible. Sí pudiésemos descomponer esta realidad para su mayor comprensión, observaríamos que el camino de ida hace presente a lo psíquico en el mundo mediante el concurso que le presta lo biológico, pero a su vez –camino de regreso- el mundo se hace presente a nuestra conciencia gracias a la presencia del cuerpo mismo.La escisión cartesiana no consigue sino enturbiar esta realidad. Como dice Merleau-Ponty, “le corpo prope n´est pas un assemblaje de particules dont chacune démeurerait en soi, ou encore un entrelacement de processus définis une fois por toutes –il n´est pas où il est, il n´est pas ce qu´il est ». El cuerpo mismo va a dodelar nuestra historia, convirtiéndose en proyecto existencial , personalizándose, alejándose de cualquier posible cosificación . La relación cuerpo-mundo consigue una interiorización de éste último. Introyección que no se agota en esta operación.
La relación cuerpo-mundo no se limita a la apropiación del mundo a través del cuerpo, sino que establecimiento de esta articulación permite tomar conciencia de que se está en un cuerpo y de que ésta nos soporta, nos sostiene. Yo habita mi cuerpo, es ya algo mas que el hecho de que yo sea mi cuerpo. De aquí que su conocimiento no sea posible a base de poner distancias , a alejarme simplemente de él. Debo conocerlo haciéndome uno con él, experimentándolo, viviéndolo; existiéndolo diríamos mejor.
Quizás el error mas importante de la medicina contemporánea se sitúa al borde de esta experiencia. Ni siquiera la psiquiatría ha sido capaz de afrontalo en toda su profundidad; no parece sino que desde esas perspectivas se hubiese tenido un cierto miedo de su contemplación estudiosa.
La corporalidad nos muestra la otra cara del problema. La interioridad orgánica constituyendo una sinfonía cenestésica difuminada o bajo la forma de un armonioso silencio de salud.
En el primer caso hablamos de actitud orgánica, recordando al imaginario personaje de la novela de Moliere, Argan, el enfermo imaginario, que padecía todas las enfermedades.
En el lenguaje coloquial hablamos de sujetos aprensivos. Hay en ellos una vocación por y hacia su cuerpo. Y de hecho esta llamada la cultivan. Cuando este talante aumenta, pasa a ser ya enfermiza la conducta y entonces uno ya no puede desentenderse de su cuerpo, sino que cualquier relación con el exterior es establecida desde este punto original; su cuerpo. Es interesante escuchar con atención las descripciones que estos enfermos suelen hacernos de su enfermedad. Son descripciones exhaustivas, pormenorizadas, en las que cada punto o cada nueva cuestión referida es analizada minuciosamente. ¿Qué quiere decir esto? ¿Tiene algún significado esta manera de obrar? En el fondo el sujeto no está haciendo otra cosa que racionalizar sus vivencias internas, al mismo tiempo que corporaliza su angustia. Ahí está la clave.
La angustia puede escaparse por distintos canales: el cuerpo objetivo, la vida psíquica –vienen entonces las fobias y las obsesiones- o la corporalidad, amén de una sublimación de la misma que nos lanza hacia la pirueta de empresas psicológicas de mayor envergadura.
En estas descripciones prolijas hay un intento de captar o de coger lo que no tiene realidad, lo que inaprensible. La ordenación de esos menudos e insignificantes síntomas está trazada bajo la bovedad de la angustia.
Resalta mas aquellos que mas inquietud le producen. Se puede decir que el hipocondríaco sería capaz de escribir un tratado sobre la precisión del cuerpo y sus movimientos. Se recrea en ellos y vive para ellos. Con frecuencia inventa neologismos para expresar lo que siente. Le faltan palabras, no encuentra los términos adecuados para dar la imagen nítida, acabada y exacta de lo que le sucede. No es raro que a él le quede la duda de si realmente hemos comprendido lo que le ocurre. Esta exploración corporalizada es como un pozo sin fondo; siempre descubre matices nuevos, pequeñas sensaciones cenestésicas que difieren cualitativamente de las vividas otras veces y que son una nueva pista por donde seguir este largo y penoso recorrido exploratorio que acabará en el delirio de la corporalidad o en otras redes en las que se irá atrapando, siendo cada vez mas difícil que salga de ellas.
Dr Enrique Rojas
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